miércoles, 12 de junio de 2013

El paseo

Es un sábado, alrededor de las siete de la tarde. Debería ser la hora en la cual las calles se llenan de gente para hacer shopping. Pero nada de eso. La mayoría de las tiendas está cerrada. Unas tienen los escaparates vacíos. ‘Se vende’ o ‘se alquila’ está escrito en los posters pegados en las ventanas. En los cristales de las tiendas que ya se habían cerrado desde hace mucho estos posters recibían compañía de otros: llamamientos para una manifestación, anuncios de clases privadas o de cosas de segunda mano, y el inevitable ‘Compro Oro’. Pero también las tiendas que todavía funcionan, cierran hoy día las puertas los sábados por la tarde. No hay suficiente clientela. La crisis se nota. Y, desde luego, el hecho que mucha gente prefiere ir al centro comercial cubierto con sus aparcamientos y la protección contra los caprichos del tiempo.

Con cierto sentido de nostalgia recuerdo como en los años ochenta en España las calles de pronto se solían llenar de gente callejeando. El Paseo, se llamaba este fenómeno. En una hora de la tarde determinada todo el mundo salía a la calle, paseando tan lento como posible y saludando a tantos conocidos como posible. Pasaba en todas las ciudades y pueblos, desde Las Ramblas y las calles alrededor en Barcelona hasta en las pocas calles de un pueblito pirineo. Una vez estuve unos días en uno de los barrios más feos en las afueras de Madrid dónde absolutamente no parecía pasar nada, hasta también aquí como si por encanto los vecinos salieron a las calles para ver y ser vistos. A nosotros, joven interrailers, nos encantó el Paseo y nos mezclamos entusiasmados entre la gente deambulando. Desgraciadamente nuestros cuerpos jóvenes llenos de energía no eran capaces de adaptarse a una velocidad de moverse tan exasperantemente lenta, por lo cual antes de nada ya habíamos recorrido todas las calles ida y vuelta varias veces. Después nos parecía más cómodo sentarnos en una terraza contigua para contemplar el fenómeno desde allí con una caña en la mano y dar puntos para elegir el mejor paseante, una competición que sin excepción fue ganado por una chica graciosa con la mirada oscura.


Ahora, mientras deambulo por las calles vacías de Ponferrada, echo de menos el Paseo. Sí, me pongo viejo, y esto parece significar que vas a tener la idea que antes todo era mejor o, en todo caso, todo era más agradable. Quizás tengo ahora la edad en la cual me pudiera adaptar a la velocidad de moverse como en el Paseo. Voy a probarlo; ¿por qué no?; no hay nadie que me ve. Tan lento como posible ando por la calle desierta. Una ventaja es que así tengo la oportunidad de mirar los escaparates y leer los posters y anuncios. Pero no, no puedo soportar andar tan despacio. Además, casi no hay nadie que hoy día se mueve a este ritmo. La moda prescribe hacer footing. Por la tarde se ve en los parques y los caminos alrededor de la ciudad pequeños grupos de personas, sobre todo de mujeres, que andan en un ritmo rápido mientras mueven los brazos de una manera exagerada. Cuando los veo no puedo evitar pensar: ‘Hop, hop, hop’. A ver si esta manera de desplazarse me va mejor que pasear lentamente. Hop, hop, hop. ¡Me gusta! ¿Dónde iré? ¿Al centro comercial cubierto? No, la gente allí se sorprendería ver un guiri moverse por las galerías en este ritmo. ¿Sabes qué? Voy por el Parque del Temple al río Sil y después por el puente al monte Pajariel. Así disfrutaré el paisaje primaveral. Es sano, agradable y gratis. Hop, hop, hop. 


viernes, 31 de mayo de 2013

Recordando a Carmen

Por un momento miro atontado a mi móvil. Las lágrimas crecen en mis ojos. Ana, que estaba escuchando la conversación, viene a mí y me abraza. Lloramos juntos. La que acabó de llamarme era Vicky de Barcelona. Cuando su nombre aparecía en la pantallita de mi móvil ya supe cuál sería el mensaje. Ya hace unas semanas Carmen estaba moribunda. Entonces, ahora la muerte había llegado. Vicky y yo rememoramos recuerdos. Tan buena amiga. Una mujer con un corazón muy grande. Con una actitud ante la vida tan positiva. Tan fuerte. Para siempre vivirá en nuestra memoria.  

Más tarde voy a mi laptop en lo enciendo. También en Holanda Carmen tenía muchos amigos. Mi primer mensaje va a Wybe y Marcel. La semana pasada estaba en Holanda y nos encontramos los tres en un bar. Allí brindamos por Carmen, ya sabiendo que su muerte prematura sería inevitable. Después seguían más cervezas con cada vez más recuerdos y anécdotas. Nos habíamos encontrado en el camping de Florence en 1980, cuatro chicos holandeses y cuatro chicas españolas, todos en un viaje de interrail. Las visitas mutuas. Nuestros bares preferidos. El Pastís en Barcelona donde el camarero siempre ponía Le Port d’Amsterdam cuando entramos. Café De Sproeier (el regadero) en Ámsterdam. Excursiones nocturnas con bicicleta por las calles de Ámsterdam con las chicas en risas detrás sobre el trasportín. Caminatas largas por los pubs, las discotecas y los teatros obscuros de Barcelona, las cuales solamente el día después con la luz del día y un mapa de la ciudad pudimos reconstruir.

Mi segundo email va a los otros amigos y amigas que quieran a Carmen. Son muchos. Se conocieron en Ámsterdam o en Barcelona. Los amigos de fútbol teníamos la tradición de organizar excursiones de varios días a Los Pirineos, con una visita a Barcelona después de tanta naturaleza. También mis amigos experimentaban la hospitalidad y vitalidad alegre de Carmen. Más de uno se enamoró de ella. Carmen hacía que Barcelona era la ciudad más hermosa del mundo. Algunas veces ella venía con nosotros. El imponente silencio de la alta montaña la impresionó mucho. No tenía mucha experiencia en montañismo, pero a pesar de esto subió, aunque fuera soltando tacos, los picos más altos como el Pedraforca y el Pic de L’Infern. Después de tanto ejercicio ella solía ser en el refugio el centro brillante de la atención de los barbudos alpinistas. La facilidad con la cual ella se relacionaba con otra gente era envidiable. Sin prejuicios. Desde hippies hasta gente de negocios. Desde punkers hasta los más pijos.

Este verano la vi por última vez. La situación era diferente. Ella estaba casada con Michel. Yo venía con mi mujer Ana. Pero además nada parecía haber cambiado. Estaba feliz. A pesar de un dolor en la espalda. Esto resultó ser una señal de la inminente desgracia.

No creo en el más allá o en la vida después de la muerte. Pero de una cosa estoy seguro. Carmen estará conmigo cuando deambulo por el Barrio Chino, cuando estoy de excursión en los pirineos catalanes o cuando hago una ruta con bici por los campos de Holanda, como a ella le gustaba tanto hacerla. La oiré hablar y reír.


Carmen en el Pedraforca con algunos amigos de Ámsterdam

lunes, 13 de mayo de 2013

Pensamientos después de comer una naranja en la alta montaña


Era durante la caminata estupenda a las lagunas de Fasgueo cuando aproveché una pausa para pelar la naranja que había traído hacia tanta altura. Uno de los excursionistas me dijo: ‘¡Qué apropiada: una naranja!’ No entendí muy bien el porqué de este comentario y respondí: ‘Si, desde luego, en España se debe comer naranjas, ¿verdad?’ Me explicó que se refería al color naranja de la familia real en Holanda. ‘Ah, claro ….,’ respondí vergonzosamente por mi lentitud de entender. Mientras descendimos hacia Las Brañas de Susañe no pude evitar pensar en las familias reales de mis dos queridos países.

En mi opinión un cargo importante se debe ganar por méritos y no por herencia genética. Pues, en principio soy un republicano. Ya desde hace mucho. En el año 1980, cuando había la coronación de la reina Beatrix en Ámsterdam, estuve en la manifestación en contra de la celebración. La manifestación consistía sobre todo de okupas y anarquistas; el código de vestimenta era negro. En el momento el que apareció la policía muchos de los manifestantes se volvieron completamente locos y empezaron con un espantoso fanatismo a tirar piedras a las cabezas de los policías. Aquel día perdí por completo la confianza de que de una revolución violenta pudiera llegar algo bueno.

Durante los años después la popularidad de la reina Beatrix en Holanda iba en aumento, sobre todo porque no había demasiados rollos. No había casos de corrupción. Ella ni su marido tenían amantes secretos. El asunto de una nuera que en su juventud había tenido una relación con un jefe de un cartel de drogas se solucionó con quitarle los derechos al trono al segundo hijo. El asunto del padre de Máxima, que había sido un ministro del sangriento régimen de Videla en Argentina, se solucionó con prohibir que los suegros del que sería rey asistieran a la boda y a la entronización. Las críticas más duras que recibió Beatrix vinieron de los partidos populistas de extrema derecha, porque la reina se atrevía en sus charlas de Navidad hablar sobre la tolerancia y la riqueza de la diversidad cultural. Por lo demás Beatrix era una reina respetada por casi todos los holandeses, incluidos los republicanos como yo.

¡Qué diferencia con la casa real de España! Aquí la monarquía parece perder cada vez más su apoyo en la sociedad. La famosa foto de Juan Carlos con el elefante muerto generó muchos comentarios críticos, sobre todo porque el viaje a África en medio de la crisis había costado una fortuna. Peor, obviamente, es el caso de corrupción de yerno del rey y la Infanta Cristina. Ahora los jueces han decido que la infanta misma no va a ser perseguida por el caso Nóos, lo que no hace exactamente crecer la popularidad de la familia real. Muchos españoles creen que la infanta está protegida por su padre u otras instituciones. Hasta ahora el Príncipe de Asturias no está involucrado en el caso Nóos. Parece que ya están preparando a la gente para una futura sucesión. Para mi sorpresa vi en las noticias de TVE1 un discurso en inglés de Felipe para algún fórum internacional con subtítulos, pues sin que sonara esta voz superpuesta en castellano, como suelen hacer con oradores en inglés menos talentosos como Obama o Cameron.

Son las vueltas de la historia. Holanda, este país que en el siglo 16 se reveló contra ‘el rey de España’, el país que en los siglos 17 y 18 era una de las pocas repúblicas del mundo, el país que hace poco tenía el nombre de ser un modelo de progresividad, ahora se ha envuelto en el cursi color naranja de su familia real. Mientras en España la casa real parece hacer todo lo posible para conducir hacia la tercera república.
La bandera de la república en una manifestación

domingo, 28 de abril de 2013

Los alemanes


Es martes, las ocho menos cuarto. Mi clase de alemán se está acabando. De vez en cuando mi alumno de doce años mira impacientemente a su reloj. ‘¿Y ahora ponemos la música?’ me pregunta. Las pocas clases que hasta ahora le he dado siempre acabé con un video de Youtube con música de pop alemán. Sobre todo la música heavy del grupo Rammstein sabe este alumno apreciar. Pero esta vez él toma la iniciativa y busca en mi portátil un video. Suenan gritos de un gran público seguido por el himno de Bayern München. Porque la letra en la pantalla va sincronizada con la música podemos cantar con el coro: ‘FC Bayern, Stern des Südens, du wirst niemals untergehen' (FC Bayern, estrella del sur, nunca te hundirás). Hoy habrá el primer partido de la semifinal entre Bayern y Barcelona. Mi alumno es obviamente de Madrid.

Los horarios de la Champions no están adaptados al ritmo de las comidas en España. En algún momento entre las nueve menos cuarto y las diez y medio de un día laboral se debe cenar. En la pausa del partido devoro con prisa una ensalada mixta en la cocina. ‘¿El partido es bueno?’ me pregunta Ana, claramente más interesada en mi estado de ánimo que en el partido mismo. ‘Bayern es el mejor equipo; Barcelona juega mal,’ respondo. De pronto suenan gritos de alegría de los vecinos abajo. ¿Marcó el Barça? Masticando un trocito de tomate corro a la sala para encender la televisión. También los vecinos son obviamente de Madrid.

El día después estoy en café Gijón para ver el partido de Dortmund contra Real Madrid. Este partido se puede solamente ver en la televisión de pago, lo que no está mal para el volumen de ventas de los cafés. A pesar de esto, hay menos clientes que otras veces. Los fans de Barcelona se habían quedado en casa, seguramente para evitar un sinfín de burlas por la derrota aplastante de ayer. Una vez, cuando  Madrid eliminó Barça de la Copa del Rey, algunos de Madrid habían gritado: ‘¡Viva España!’, seguido desde luego por un ¡Viva Portugal! de los de Barcelona.  

Esta vez Real Madrid pierde. Mientras en la pantalla Madrid lucha contra su destino adverso, oigo detrás de mí los comentarios de los parroquianos. ‘¡Los alemanes tienen todo el dinero!’ opina uno. ‘Por cierto, Lewandowski y Blazczykowski no pueden ser alemanes, ¿verdad?’ dice otro. Pienso notar en el tono de los comentarios algo de los sentimientos anti-alemanes, que parecen ganar terreno en España. En la prensa se escriba ampliamente sobre una encuesta que mostraba que muchos alemanes piensan que España sea un país corrupto. También el comentario de Hoeness, el presidente de Bayern, que dijo que los grandes clubs españoles compran jugadores con sus deudas, no caía muy bien aquí. Con mucho gusto escribieron los periódicos sobre las cuentas secretas de Hoeness en Suiza para evitar los impuestos.

Cuando Dortmund marca gol número cuatro pruebo no vitorear. En principio soy un espectador neutral. Un aficionado al fútbol mismo. Pero que gane un club relativamente pequeño de un club de estrellas me hace gracia. Y anti-alemán nunca he sido. Mi padre, que en la guerra mundial había visto y sufrido mucha miseria, primero como soldado y prisionero de guerra y después como obrero en un campo de trabajo en Alemania, nos enseñó que muchos alemanes no eran nazis. Que nazis había de muchas nacionalidades. 
A pesar de todo esto, ahora no me parece el momento adecuado de pasar por un alemán. Mantengo una postura neutral hasta el fin del partido. Cuando me levanto para ir a casa un hombre me pregunta si en mi opinión uno de los equipos españoles tiene una posibilidad de llegar al final de la liga. ‘Vale, quizás Madrid,’ respondo diplomáticamente. El hombre niega con la cabeza. ‘¡Que no! ¡Ninguna posibilidad tienen! ¡Va a ser Alemania – Alemania!’, dice riendo. 



miércoles, 17 de abril de 2013

Tres restaurantes bercianos


1. Restaurante El Castro en Carucedo
Estamos sentados en una gran mesa redonda, mis amigos catalanes y yo. Acabamos de hacer una caminata alrededor de Las Médulas, sin duda uno de los monumentos más espectaculares del Bierzo. Empezamos con lluvia, pero al final el sol se asomó. Discutimos lo que vamos a pedir. De todo, decidimos. Varios primeros platos, varios segundos platos. Todo para compartir, hasta el caldo berciano y el botillo, cómo conviene entre amigos de toda la vida. Mientras tomamos como aperitivo un vinito con jamón serrano hablamos sobre las diferencias entre los restaurantes en Holanda y España. De los restaurantes holandeses mis amigos no tienen una opinión muy alta, claramente. Quizás porque en Ámsterdam siempre buscamos los restaurantes más baratos con patatas fritas, mucha mayonesa, ensalada y un trocito de carne o filete de pescado. Y también llevamos nuestros amigos a los restaurantes chinos o las pizzerías. Sin embargo, me siento obligado a defender la comida holandesa. Pues, de vez en cuando echo de menos los platos de chucrut, sopa de guisantes, arengues, o espárragos frescos. ‘Los holandeses comemos en restaurantes platos diferentes que en casa,’ digo. ‘Patatas machacadas podemos hacer fácilmente nosotros mismos; cuando vamos a un restaurante queremos algo diferente; comemos chino, thai, greco, etíope; buscamos la aventura. ¡Pero os juro: comida holandesa puede ser deliciosa!’ En este momento la hija del propietario del restaurante pone los primeros platos sobre la mesa. Esto me hace callar.

2.  Restaurante El Lagar de Montejos en San Andrés de Montejos.
Hace calor. Quizás ya unos treinta grados. Anduvimos desde Ponferrada hacia San Andrés de Montejos. Una horita, si no haces fotos o quieres determinar pajaritos, como nosotros. Vi un mosquitero ibérico. No una observación excepcional, quizás, pero nunca antes lo había visto. San Andrés de Montejos es un pueblo extremadamente caótico, como tantos otros pueblos bercianos. Casas modernas, ruinas, casas señoriales restauradas, huertas descuidadas, una iglesia, una ermita completamente inclinada, todo en un conjunto poco coherente. Muchas veces pasé el pueblo con mi MTB, pero nunca había visto el mesón. Después de preguntar un paisano lo encontramos. Una sorpresa agradable. En el interior del lagar todavía la viga de castaño ocupa un lugar prominente. Nos sentamos al lado de una ventanita. El calor de afuera no puede entrar por los gruesos muros. El camarero viene a nosotros para decirnos lo que hay. Elegimos revuelto con erizos, una ensalada y carrilleras de ternera para compartir. ‘Fueron las mejores carrilleras de mi vida’, digo al camarero después de la comida, cuando estamos a punto de salir. El hace un gesto a su esposa que está recogiendo las mesas. ‘Allí está la cocinera,’ dice orgullosamente.

3. Bar-restaurante El Pinar en Ponferrada
Andamos con todos los actores y sus acompañantes desde la universidad en la dirección del centro de Ponferrada. El ambiente es eufórico. Acabamos de hacer una lectura dramatizada de la obra Farsa de Xohana de Avignon (peli). Todo salió bastante bien, al menos para nosotros. Y el público parecía compartir esta opinión. Después de la obra muchos nos felicitaban y nos agradecieron. Mi papel era de un peregrino inglés cachondo. Un buen casting, se puede decir. ‘Vamos a aquel bar con los pinchos de setas,’ propone Miquel, el iniciador del proyecto. Todos entramos en un bar en el cual una televisión esta puesta a todo volumen. Tomamos cañas acompañadas de un potaje de varias setas. Delicioso, es la opinión general. Después nos despedimos. Ya son casi las diez, la hora de la cena. Ana y yo nos quedamos para hablar con el tabernero sobre las setas. Las busca él mismo en la montaña, nos cuenta orgullosamente. Sin ir con coche, siempre andando, añade. Movemos las cabezas afirmativamente. Anda a un poster en la pared e indica las diferentes setas que hay en El Bierzo en esta temporada. ‘Entonces, ¿ahora tienes setas silvestres?’ preguntamos. ‘¡Efectivamente!’ Nos miramos Ana y yo. Unos instantes más tarde estamos sentados en el comedor pequeño disfrutando dos platos exclusivos de setas silvestres, mientras en el bar la televisión todavía emita un concurso ruidoso a todo volumen. ‘Esto solamente es posible en El Bierzo,’ digo a Ana.

El lagar de Montejos

domingo, 24 de marzo de 2013

El primer día de la primavera


Es miércoles, el 20 de marzo. El primer día de la primavera. Miro por la ventana y veo el sol matinal brillar sobre los picos nevados de los Montes Aquilianos. Este va a ser un día ideal para hacer una excursión allí en los montes. Pero estaré bastante ocupado hoy. Por la mañana doy clase en casa de un estudiante. Por la tarde tendré como cada miércoles tres grupos de niños. Cómo si se tratara de telepatía recibo un SMS en mi móvil. ‘Desgraciadamente no puedo esta mañana, pero mañana por mañana en todo caso’. A un lado una lástima. Creo que nunca antes en mi larga carrera en la enseñanza tuve un alumno más entusiasmado. Pero su ausencia me da una mañana libre llena de posibilidades. Me pongo mis zapatos deportivos, cojo mis prismáticos y salgo de la casa.

Porque el río Sil por las mañanas está al lado de la sombra del monte El Pajariel, aquí la temperatura no es tan agradable como me prometía la vista por la ventana esta mañana. El caminito al lado del río está parcialmente inundado. Había mucha lluvia, este invierno. Mientras me sujeto a las ramas de los sauces me busco un camino entre la cuesta pendiente y la corriente rápida. De vez en cuando paro para poder escuchar los numerosos pajaritos que cantan y pían. Ellos también celebran este primer día de la primavera con mucho gusto.

Cuando al volver a casa paso el Café Gijón miro hacia dentro si hay mucha gente. Que no. Abro la puerta, cojo El Diario de León de la barra y me siento en una mesita. La camarera me acerca con una sonrisa y un café con leche. Pedir no es necesario aquí. Nos conocemos. En la ventana, al lado de la puerta, ya por meses cuelga nuestro anuncio: English for All. De vez en cuando tomando un sorbito de café empiezo a leer el periódico.

Son las noticias de cada día. La crisis económica y los casos de corrupción. Todo el rollo alrededor del nueve alcalde de Ponferrada ya parece haber disminuido. Empiezo a leer un artículo sobre el caso Bárcenas. Otra vez no entiendo porque todavía nadie dimitió por este caso. Ya mentir sobre la relación laboral del PP con Bárcenas debería ser suficiente razón para terminar una carrera política. Y si es verdad que Rajoy mismo recibiera su sobresueldo en un sobre sería el colmo. En España no hay exactamente una falta de bancos. Entonces, recibir un sobresueldo en moneda es muy sospechoso. Aunque la verdad es que yo también recibo de mis alumnos dinero en moneda. Y a veces en un sobre. Cuando me lo entregan referencias graciosas al caso Bárcenas son inevitables.

Leo el artículo por la mitad y después pongo el diario en la mesa. Ya estoy harto de tantas noticias malas. Por dios, es primavera. Con la mirada perdida pienso en las clases que tengo que dar este tarde a los niños. La verdad es que trata más de jugar que de enseñar. Con una sonrisa pienso en la clase de la semana pasada al grupo en la edad de 12 años. Hicimos creer a los niños que no puedo hablar castellano, para que se esfuercen en comunicarse en inglés. Desde luego esto genera problemas y ahora este grupo de cuatro niñas listas quiere enseñarme castellano para facilitar la comunicación. ‘¡Hello es Hola!’ me dijeron la semana pasada, ‘¡¡Hola!!’ Me hacía el tonto y dije: ‘Ah, yes, ¡Helado!’. Referí a la marca Ola de helados, pero esto se les escapaba a las niñas. ‘¡Qué no, qué no, not helado. ¡¡Hola!! ¡¡Hola!!’. Para la desesperación de las chicas traduje cada vez ‘Hello’ con ‘Helado’ o variantes como ‘Holado’. Hoy empezaré la clase con las palabras ‘¡Helado, chicas!’ Si en un futuro lejano El Bierzo tendrá fama de ser una comarca donde se saluda con una palabra que parece a helado, significará que en todo caso dejé una huella permanente aquí. Con este pensamiento positivo me levanto de mi silla, pongo un euro en la barra y salgo del bar con un saludo que no parece en nada a helado o cualquier otro comestible. 

martes, 12 de marzo de 2013

Érase una vez en Ponferrada ....


Si es verdad que las malas noticias son mejores que ninguna noticia, Ponferrada lo hizo muy bien el fin de semana pasada. La ciudad llegó a la primera página de todos los grandes periódicos nacionales. Además, al menos dos páginas en cada periódico estaban dedicadas a nuestra ciudad, que significa que, cuando se trata del número de páginas, llegó al tercer puesto, a poco distancia de las noticias sobre Venezuela después de la muerte de Hugo Chávez y la elección del nuevo Papa en Roma. No mal para una ciudad provincial de medio tamaño. ¿Pero qué pasó exactamente?

Volvemos a los años noventa del siglo pasado. Ismael Álvarez del Partido Popular es alcalde. La joven hija de un empresario que está vinculado al PP obtiene el cargo de concejal, un enchufismo habitual. Los dos empiezan una relación emocional, hasta el momento que Nevenka Fernandez la termina. El alcalde sigue molestándola con llamadas, cartas, emails e mucha intimidación. Hay un juicio y una condena por acoso. El alcalde tiene que dimitir y está sucedido por su alumno político, López Riesco. Mientras tanto, al exalcalde Ismael, no le va económicamente nada mal en los negocios y abre algunos hoteles.

Ismael decide volver en la política en las elecciones de 2011. El PP no acepta su candidatura e Ismael viene con su propia lista. En este momento el PSOE está perdiendo mucho apoyo por la crisis económica y la gestión del gobierno Zapatero, pero porque Ismael sabe atraer 6000 votos de gente que considera de poca importancia su pasado de acosador, el PP no logra tener la mayoría absoluta. López Riesco sigue siendo alcalde, pero depende de los otros partidos en el concejo.

En febrero 2013 aparecen noticias en los periódicos locales. El PSOE y la lista Ismael querían hacer una moción de censura contra el alcalde del PP. El líder del PSOE municipal, Samuel Folgueral, sería el nuevo alcalde con el apoyo de los de Ismael. Convenido era que Ismael mismo tendría que dimitir como concejal. Desde luego hay protestas. Para nuestro asombro vimos en la televisión de Ponferrada unos miembros jóvenes del PP declarar que Ismael solamente quería tener más poder político para que sus empresas puedan aprovecharse del mundial del ciclismo que habrá en 2014 en Ponferrada. También decían que era ridículo que el nuevo alcalde dependía del apoyo de un acosador condenado. Tenían razón estos jóvenes, desde luego, pero olvidaron decir que era el PP el que siempre defendía a Ismael, tanto su clientelismo como durante el proceso.
También en las filas del PSOE había protestas, sobre todo de los miembros femeninos  que odian al Ismael. Se firma una petición; circulan mensajes por twitter.

El viernes pasado el cambio de poder tuvo lugar. Si se trataba de salir en la publicidad la sincronización era perfecta: el 8 de marzo era el día internacional de la mujer. En el pleno del ayuntamiento había una votación sobre el cambio del alcalde en la cual Ismael participaba. El sábado después dimitiría como concejal. Esto era para la cúpula del PSOE el motivo de probar parar todo el ejercicio. Ellos sentían la presión de la prensa y los miembros críticos. Rubalcaba opinó que el nuevo alcalde inmediatamente tendría que dimitir. Samuel Folgueral y sus siete otros concejales se negaban. El PSOE amenazó con expulsión del partido. Los concejales y alcalde insistían y salían del partido.

Y así tenemos una situación única en Ponferrada. Hay un alcalde y siete concejales sin partido. Además, este alcalde tiene el apoyo de un partido alrededor de una persona, Ismael, pero él mismo no estará en la corporación. El PP va a ser un grande partido de oposición utilizando argumentos y vocabulario que deberían salir de las bocas de los socialistas. Rubalcaba, mientras tanto, mantiene que no sabía de los pormenores de toda la operación. Una mentira, me parece, y como es sabido, políticos que mienten deben dimitir.

Lo que falta por completo en este triste relato es una motivación política. ¿Por qué el nuevo alcalde quería ser alcalde? ¿Con que programa puede legitimar su compromiso con un exalcalde condenado por acoso y famoso por su clientelismo? Quizás nunca lo sabremos. Pero una cosa es segura: no le hemos podido pillar con ideas concretas sobre cómo salir de la crisis o incrementar la justicia social.

Pero quién sabe, quizás esta comedia triste tendrá un fin feliz. Quizás una vez en los libros de historia se escribirá que en Ponferrada en marzo 2013 empezó la segunda transición de España. Era en Ponferrada donde unos miembros jóvenes del PP empezaron un discurso contra el clientelismo, corrupción y enchufismo e iniciaron un movimiento para limpiar las filas de su partido. Era por los acontecimientos en Ponferrada en marzo 2013 que toda la cúpula del PSOE tenía que dimitir para ser substituidos por miembros críticos que no querían tener las manos sucias. Desde marzo de 2013 la población estaba tan harta de manipulaciones sucias que nunca más votarían partidos con corruptos, políticos mentirosos o caciques machistas en sus filas. Y todos vivían felices para siempre.

El nuevo alcalde está instalado

domingo, 24 de febrero de 2013

Todos somos gente


El humor es un método probado de digerir noticias malas. En estos tiempos revueltos circula en internet una abundancia de películas y fotos con subtítulos humorísticos sobre la crisis y los casos de corrupción. Una de mis favoritas es una foto del aterrizaje en Marte con el texto: Marte – aeropuerto de Castellón 1 – 0. Pero hace poco recibí por email una película que me escandalizó un poco, lo que no ocurre fácilmente. Se  trata de una parodia de los señores Rajoy y Montoro que vemos en un balcón gritando al pueblo que redistribuyen el dinero muy eficazmente por robarlo de los pobres y darlo a los ricos y corruptos. No está mal. Ya casi termina la película cuando Rajoy apunta a la distancia y dice algo como: ‘Y allí viene Eurovegas’ después de lo cual el pueblo canta y baila: ‘¡Señor judío, le recibimos con alegría!’ (La peli se puede ver AQUI)

¿Por qué me escandalizó esta canción? En mi opinión se puede bromear con casi todo y sobre todo con personas que se toman demasiado en serio a si mismas. En esta categoría también caen los creyentes, los nacionalistas o gente de cualquier otra convicción. Es que yo no sabía que este Adelson, el hombre detrás de Eurovegas, era judío. Entonces, ver a un grupo de personas cantar sobre un judío en un programa satírico sobre la corrupción en España (dónde casi no hay judíos) era para mí una sorpresa. Y aunque hubiera sabido que Adelson era judío,  tampoco me habría gustado mucho la canción. Un texto como ‘Bienvenido americano’ quizás pasaría inadvertido a mi atención. Pero si Adelson fuera un negro, tampoco me hubiera gustado una canción como ‘bienvenido negro.’ Y algo como: ‘bienvenido homosexual’ tampoco. La raza, religión o preferencia sexual de Adelson no me parece de importancia en este asunto. Vincular judíos a un negocio sucio es un prejuicio que ya oí ventilar demasiadas veces en mi vida.

Puede ser que acerca del tema del antisemitismo soy hipersensible. En la juventud de mis padres los nazis deportaban y asesinaron a más que 100.000 de judíos de Holanda. Esto generaba en Holanda y tantos otros países una vergüenza y un sentido de culpabilidad.  Aquí en España la memoria de la segunda guerra mundial vive mucho menos, porque España era oficialmente neutral. Las persecuciones de judíos en España por la inquisición ya pertenecen a un tiempo tan remoto que hoy día no generan sentimientos de vergüenza o remordimiento.  Por eso aquí se habla tranquilamente de ‘matar a un judío’ cuando se toma una limonada durante la semana santa, lo que para un guiri holandés es algo increíble. También es en España donde encontré por la primera vez en mi vida a personas que en serio negaban el holocausto. Vale, por suerte, estas ideas también aquí son muy excepcionales.  Otra cosa que me extrañaba bastante era que en el Diario de León llamaban a un soldado que estaba con la División Azul en Rusia un ‘héroe de guerra’. Había también bastantes voluntarios holandeses en el frente del este combatiendo al lado de los alemanes, pero nunca llamaríamos a aquellas personas ‘héroes de guerra’ sino más bien traidores, fascistas o  simplemente holandeses falsos. (El artículo se puede leer AQUI)

Lo sorprendente es que los sentimientos de antisemitismo en España no solamente se pueden encontrar en las filas de la extrema derecha, donde tienen su ámbito natural, sino también entre gente que pretenden ser de la izquierda. En este caso la solidaridad con los palestinos llega a confundir el estado Israel (o los lobbies pro-israelí en los EEUU) con los judíos en general. Así hacen el mismo error que los sionistas que ven en cualquier crítica a Israel una forma de antisemitismo.  

Una vez un español me pregunto: ‘¿Y qué opinas tú de los judíos?’ Respondí un poco confuso: ‘¿Los judíos? ¿Todos? Ahora ya vivo en España desde más hace tres años, y ni siquiera tengo una opinión sobre todos los españoles.’ 


lunes, 4 de febrero de 2013

Mi carrera de cantante


De pequeño ya quería ser cantante. Eran los años sesenta del siglo pasado. Mi hermano mayor tenía algunos discos de los Beatles y también en la radio se oía mucho las canciones del grupo inglés. Sin entender nada del contenido murmuraba los textos cuando sonaban las canciones. Un día el gran momento había llegado. Cogí el sacudidor de alfombras de mi madre y salí a la calle. Ya había elegido el sitio. Al principio de la calle, cerca del canal, había una boca de agua donde los bomberos pueden enchufar la manguera en caso de fuego. La boca sería mi micrófono. Cogí el sacudidor como si fuera una guitara, miré una última vez a los dos bloques de casas a ambos lados de la calle donde me imaginaba tribunas llenas de público y empecé mi concierto. Espero que sonaba un poco como ‘She loves you, yeah, yeay.' Quizás también di una imitación de ‘Help, I need somebody’. Para mi sorpresa de veras atraía público. En los balcones de las casas aparecían vecinos para ver porque este chiquito de unos seis años estaba gritando en la calle con un sacudidor de alfombras en sus manos.

Creo que di algunas actuaciones simulares. Después la timidez ganó al entusiasmo infantil. Solo en mi habitación unía mi voz a la de Lennon y McCartney. Más tarde en mi vida también canté con mis propios discos: The Who, Pink Floyd, Yes, si, hasta Frank Zappa. No sonaba nada mal, en mi opinión. Cuando tenía unos diecinueve años compré una guitara y me aprendí los acordes. Los Beatles volvieron a mi repertorio. A veces sorprendía a un amigo o familiar con una interpretación de una canción. La mayoría de las veces esto resultó en miradas evasivas. Pocas veces alguien dijo: ‘Vale, ya aprendiste a tocar la guitara bien, ¿verdad?’ Solamente unos pocos me dijeron sin rodeos: ‘¡Hombre, cantas completamente fuera del tono!’ Grabé una canción en mi casete y después lo podía oír también. Mi camino hacia la fama estaría sembrado de espinas.

En los años ochenta creábamos con unos amigos un grupo de música. Se llamaba ´t Weiland, La Pradera, con canciones alegres en holandés, lo que era completamente afuera de la moda en aquel período de Punk y New Wave. Algunas veces probé a cantar la segunda o tercera voz hasta mis amigos me avisaron con insistencia de dejarlo. Solamente una canción era para mí. Normalmente era la última de la actuación. No fritura, se llamaba, lo que era un juego de palabras con No Future, el lema sombrío de la juventud de entonces. En el número algunos borrachos entran en un snackbar y piden, patatas fritas y croquetas, aunque ya es la hora de cierre. Yo soy el empleado. Me enfado y canto en gritos: ‘¡No fritura! ¡Entonces no patatas! ¡No, tampoco hay croquetas! ¡Ya estamos cerrados!’ Solamente para eso valían mis capacidades vocales: para dar un toque cómico al concierto.

Cuando me instalé definitivamente en Ponferrada compré una guitara acústica. No hay nada más relajante que puntear la guitara. A veces canté. Lentamente se formó una canción llena de nostalgia y anhelo. Cuando la canté para Ana, vi aparecer unas lágrimas en sus ojos. Entusiasmado hice un videoclip y lo puse en Youtube. La gente de Estado Público.com, un medio de comunicación online, descubrió por casualidad mi blog Opiniones de un guiri. Para mi asombro no solamente querían publicar mis blogs, sino también mi videoclip. Mi carrera como cantante había llegado a su etapa decisiva.

Ahora a ver cuándo llegará el momento de mi triunfo. Por vía del Festival de Eurovisión, tal vez. Como representante de España o de Holanda, esto no me importa tanto; mis pasodobles tienen casi la misma cualidad que mis baladas holandesas. En todo caso, cuando llegue el momento de la entrega de los premios, mis agradecimientos serán para todas las personas que habían contribuido en la realización de mi sueño: todos los colaboradores de Estado Público.com por su buen criterio musical, mi mujer Ana por su apoyo incondicional, mis camaradas del grupo La Pradera por la colaboración creativa, y mi madre por su sacudidor de alfombras.

Para ver el videoclip en Estado Público.com, haz click AQUÍ

't Weiland (La Pradera) en los ochenta

lunes, 28 de enero de 2013

¡La vida no es un cabaret, viejo amigo!


Una de mis películas favoritas es Cabaret, con Liza Minnelli como cantante americana en un club nocturno y Michael York como Bryan, un joven escritor inglés que gana su vida como profesor de inglés a particulares en el Berlín de los años veinte y treinta. Cuando la película salió en Holanda en los años setenta la vi en el cine al menos tres veces, creo. Normalmente musicales no son mis pelis favoritas; que los personajes en los momentos más dramáticos de pronto estallan en cantar siempre tiene un efecto cómico. Pero esto no es el caso en Cabaret. La mayoría de las canciones son performances en el club nocturno de Liza Minnelli en su papel de Sally Bowles. Extremamente funcional y fantástico.

Me daba alegría encontrar en Ponferrada en la colección de DVD’s también el de Cabaret. Ya dos veces lo vi. Una vez con visitantes de Holanda en la versión original. Una vez la versión española con la familia berciana. La versión española quiere desde luego decir: con sincronización, el medio más eficaz para amargarle la vida a un guiri cuando está viendo una película extranjera. También Cabaret sufre mucho bajo esta costumbre. En la canción magnífica ‘If they could see her through my eyes’ (si pudieran verla a través de mis ojos) la parte cantada está en versión original, por suerte. Pero en las partes habladas la voz española otra vez toma el poder. El resultado es un personaje con una doble personalidad bilingüe. Una obra de arte está destruida.

También resulta que el régimen franquista (o posfranquista) utilizaba la sincronización para censurar textos demasiados libertarios. Una de las escenas claves es cuando Sally y Bryan discutan sobre sus relaciones con el tan rico como decadente Maximiliam. ‘Screw Maximiliam’ (que se jode Maximiliam), dice Bryan. ‘Yo ya lo hago’, contesta Sally, después de lo cual Bryan admita: ‘Yo también.’  Para mi desconcierto oía al Bryan español decir: ‘¡Al diablo con Maximiliam!’ ‘A mí me quiere,’ dice la Sally española. ‘Y mí también,’ la censura permite a Bryan admitir en los años setenta. También hay una escena en la cual Sally desanima a un cliente del club nocturno diciendo que ella tiene un poquetín de sífilis. La Sally española dice al cliente que la mata la muela de juicio. Por qué este mensaje provoca una cara de espanto al alemán debe ser un enigma para los espectadores españoles.

Cuando estaba en Holanda este invierno me compré los dos libros del escritor Christopher Isherwood en los cuales Cabaret está basado: Mr Norris changes trains y Goodbye to Berlin. Libros que dan una impresión de Alemania de los años veinte y treinta, justamente antes de la toma del poder de Hitler. Isherwood describe la crisis económica, la pobreza, la violencia política, la decadencia. Y todo esto visto por los ojos de un extranjero en Berlín que da clases inglés a particulares.

Un momento, por favor. También en España hay una crisis profunda. Cada día hay protestas contra el gobierno. La decadencia de la política es omnipresente. Algunos radicales de la derecha y de la izquierda salen de sus huecos oscuros para ofrecer sus soluciones totalitarias. Y yo doy clases inglés a particulares. ¡Qué aquí se acaben los paralelismos! Por cierto, no me muevo en círculos de ricos con poca conciencia ética, aunque seguramente estos no faltan en España. Tampoco visita a menudo clubs nocturnos donde cantantes sensuales están acompañadas por una orquesta formada casi únicamente por mujeres semidesnudas (porque estos bares si faltan en Ponferrada). Y esta crisis no terminará en una orgía de odio y violencia como la de los años treinta. Porque vamos a hacer todo lo posible para evitarlo.

'Me mata la muela de juício'

jueves, 17 de enero de 2013

El Rosal


¿Era la almeja podrida o el centro comercial? No lo sé. Pero seguro es que no me sentía bien el pasado sábado.

Como siempre habíamos comido estupendamente. El Bierzo pertenece oficialmente a la provincia León, pero muchas piensan que debería ser parte de Galicia. También hay influencias de Asturias, al menos en nuestra cocina. A veces comemos holandés,  normalmente español en lo cual podemos elegir entre la cocina berciana, leonesa, gallega o asturiana.

El sábado comimos asturiano. Fabas con almejas. Comida de cuchara, como se dice. Comida para devorar, diría yo. Acompañábamos las fabas con una cidra, desde luego. Cuando sorbí una almeja de su concha noté un sabor podrido. Puede pasar. Escupí el animalito en el wáter y enjuagué la boca con agua del grifo. Después seguí devorando las fabas, pero una vocecita en mi cerebro me decía: ‘Espero que no termine mal.’

La tarde fuimos a hacer shopping. Como casi toda Ponferrada. Era el primer día de Las Rebajas y estas se celebran en España ampliamente. No creo que en Holanda las rebajas salen como unas de las más importantes noticias en la televisión. Aquí las noticias  muestran especialistas que te avisan no hacer compras impulsivas, porque al final lo barato sale caro, sobre todo cuando no lees bien las condiciones de la compra y no puedes cambiar la ropa que compraste.

Nos dirigimos al centro comercial de Ponferrada llamado El Rosal. La verdad es que la última asociación que tendría de este edificio es con rosas. Aparcamos en el garaje de dos pisos abajo del edificio. Había muchos coches. Desde luego. Sábado. Un día de lluvia. Rebajas. Donde no había sitio para aparcar había empleados que nos indicaban continuar más allá. Un trabajo terrible esto debe ser. No luz del día. Muchos gases de escape. Aparcamos en el piso más abajo en las coordenadas H-10. Esto tienes que memorizar porque si no estás en un apuro.  Escaleras mecánicas nos llevaban hacia arriba. Mientras estábamos subiendo pude ver en una pantalla enorme en la pared el partido importantísima de este tarde: Español-Celta de Vigo. Repitieron todo el tiempo un gol de Español. Después anduvimos por una galería llena de gente a lo largo de muchas tiendas. ¡Qué ajetreo! Muchas tiendas en el centro de Ponferrada cierran los sábados por la tarde. Por falta de clientes, seguramente. Unas de las tiendas más importantes ya se mudaban al centro comercial, qué con la facilidad de aparcar y una temperatura constante, gana la competición sin ningún problema. Pasamos las mismas tiendas que hay en cualquier centro comercial: H&M, Zara, Springfield. De pronto me sentía raro. Me apareció aquella almeja en mi mente. Noté el sabor. Y vi toda esta gente en las escaleras mecánicas. Esta pantalla enorme con la repetición del gol de Español. Esta música de fondo demasiado alto. ‘No me siento bien,’ susurré.  Solo una hora después recuperé, cuando estaba en casa sentado en el sofá tomando una manzanilla, la bebida de brujas para cualquier molestia de estómago.

La cosa extraña es que el próximo día otra vez fuimos al Rosal. Esta vez para ver una película en la compañía de mi suegra. Aparcamos en el primer piso en las coordinadas A-5. En el centro comercial había mucho menos jaleo que el día anterior. La mayoría de las tiendas están cerradas los domingos. Pero mucha gente parecía utilizar el Rosal para un paseo techado. Quizás iban al MacDonalds, a un döner kebab o al único cine de Ponferrada, como nosotros. Los cines ya no pertenecen al paisaje urbano. La película Blancanieves era en blanco y negro y sin sonido. Recreaba con mucho amor el ambiente de los años veinte.  Me hacía olvidar completamente el centro comercial alrededor de mí y, por suerte, tampoco el bacalo al pil pil que había cocinado mi suegra tan riquísima, no me daba ninguna molestia. 




lunes, 31 de diciembre de 2012

El segundo día de Navidad


¿Por qué en Holanda siempre se celebra dos días de las fiestas cristianas? El segundo día de Navidad, el lunes de Pascuas, el lunes de Pentecostés. Todos festivos. La verdad es que ni siquiera sé exactamente lo que estamos celebrando con Pentecostés, pero sí, siempre acepté el lunes libre agradecidamente.
En España hoy es un día  de trabajo. Pues, también en Holanda el segundo día de navidad pierde importancia. Creo que esta tarde puedo sin problemas hacer unas compras en los supermercados. Por suerte esto ha cambiado. Para parejas tiene su sentido tener dos días de Navidad. Un día para ir a la familia de la pareja, un día para ir a la propia familia. Pero nuestras familias viven bastante lejos la una de la otra. Este año celebramos Navidad separados.

Por suerte existen los medias de comunicación modernos. Por sms y videochat me enteré de lo que perdí en El Bierzo. Dos comidas muy amplias en un periodo muy corto. En España se celebra sobre todo la Noche Buena. Con una cena amplísima, desde luego. Con celos escuché el menú. No era poco. Muchos animales del mar fueron sacrificados. El día después le tocaba a un corderito. Esta noticia ya recibí con menos envidia, aunque el cordero al horno de mis suegros tiene fama entre la familia. Pero por favor, después de haber cenado hasta las doce de la noche con el necesario vino, turrones, licores y qué sé yo, es bastante difícil desarrollar suficiente apetito para una comida de fiesta con aperitivas y postres a las dos del día siguiente.

Mi propia comida de ayer tampoco despertaba muchos celos en El Bierzo. Dos sándwiches con queso y un vaso de leche fría. ‘Pero por la tarde cenamos como reyes,’ acabo de decir en una larga sesión de videochat culinario. ‘Fuimos al restaurante chino para traer comida para toda la familia.’ A pesar de la mala conexión pude distinguir claramente dos cejas bercianas levantadas. En navidad se debe estar cocinando todo el día. ‘Pero fuimos al chino bueno, ¿sabes?’, me expliqué rápidamente. Aquí cerca hay dos restaurantes chinos. Uno barato sencillo y uno más caro de buenísima cualidad. ‘¿Con pato de Beijing?’ Al fin sonaba algo de anhelo a una comida en Holanda en su voz. ‘Con muchísimo pato de Beijing,’ dije exagerando bastante.

A pesar de las sombrías noticias sobre crisis y pobreza, otra vez comida formaba el tema principal de nuestra conversación. ‘Cuando estás aquí la próxima semana te preparé col verde con patatas machacadas’ dije. (Tengo el don de poder entusiasmar a las mujeres.) ‘Y desayunamos con pan de navidad (con pases y relleno con pasta de almendra), o quizás te compro unos oliebollen calientes’ (buñuelos redondos que se come en año nuevo), seguí. ‘Y yo te traigo turrones, y quizás una botellita de cuturrús,’ respondió. Mi cara interrogativa sabía vencer la mala conexión. ‘¿No lo recuerdes? Es el licor del pueblo Las Médulas que hace poco nos ofrecieron en aquel restaurante.’ El recuerdo de este día estupendo me daba por un momento una fuerte nostalgia al Bierzo. ‘Y para noche vieja compraré las uvas,’ dije. Una de las ventajas de España sobre Holanda es la costumbre de comer uvas para celebrar el nuevo año, mientras en Holanda todo el mundo sale a la calle para encender fuegos artificiales. Aunque no sin peligro de atragantarse la costumbre española es menos peligrosa, hace menos ruido y es mucho más barata.

Y así decidimos celebrar noche vieja con una combinación de nuestras dos culturas. Oliebollen y uvas. ¡Viva la integración europea! Con este bueno propósito cerramos la conexión. Pues, ya eran las cinco de la tarde; la hora de los aperitivos en Holanda mientras en El Bierzo se necesitaba una siesta.


viernes, 7 de diciembre de 2012

La muerte de un juez de línea


No lo vi yo mismo porque estaba en un café cercano mirando el partido Real Madrid – Ajax. Además no había mucho interés por el partido. La gente estaba conversando con voces altos sobre otras cosas y solamente se molestaba mirar la pantalla para ver las repeticiones de los goles de Real Madrid. ‘¡Pero que paso de Moldric!’, gritaba alguien por un momento entusiasmado. En el descanso me fui a casa. Ya eran las nueve y media; casi la hora de la cena. Los horarios de la Liga de los Campeones no están armonizados con el ritmo español. Cuando llegué Ana me dijo: ‘Holanda salió en las noticias.’ ‘¿Oh?’ Ya me estaba preocupándome. Normalmente no noticias son las mejores noticias. ‘Han matado a un arbitro de línea a patadas y ahora todo el país parece estar en un estado de choque’ continuó Ana.

El próximo día, cuando estuve online, leí en la prensa holandesa lo que había pasado. Se trataba de un padre de un jugador del club De Buitenboys, que era el juez de línea en los partidos del equipo de su hijo. Unos adversarios de 15, 16 años pensaban que no era imparcial y le daban patadas mientras estaba en el suelo. El día después murió en el hospital.

Estas noticias impresionaban mucho en Holanda. En Facebook vi pasar muchos comentarios. También recibí un mail del líder de mi viejo equipo que este fin de semana no habría un partido. La federación había cancelado todos los partidos de los aficionados por el acontecimiento tan grave. El próximo fin de semana debe ser un momento de reflexión. También mi viejo club Taba participará en esto. En su página web apareció una noticia en que se llamaba a todos los miembros, amigos y familia de venir el domingo a la cantina para hablar y pensar sobre fútbol y violencia. Lo mismo pasará en muchas cantinas en Holanda este fin de semana.

Había una cosa en todo eso que me extrañó. ¿Por qué solamente cancelaban los partidos de los aficionados y no los de los profesionales? ¿Los profesionales también podrían mostrar su solidaridad. Cancelar los partidos de la primera liga de Holanda hubiera dado más impacto. Pero no, el fútbol profesional es demasiado importante. Se trata de dinero. Y no poco. El fútbol profesional seguramente contribuye a la agresividad en los partidos de los aficionados. Dan el ejemplo malo con sus faltas duras, con siempre tirar y empujar cuando hay un córner, con siempre reclamar la pelota cuando hay un saque de línea, la agresividad verbal, entrenadores que culpan los árbitros. Los niños lo imitan. Hasta los veteranos lo imitan; lo se por experiencia. Este fin de semana los niños no tienen partidos pero el domingo pueden ver las faltas profesionales en el programa de deportes en la tele.

Desde luego también nuestro populista Geert Wilders se mezclaba en la discusión. Los chicos detenidos son todos de origen marroquí. Entonces él dijo que no se tratara de un problema de fútbol, sino de un problema de marroquíes. La verdad es que lo uno no está en contradicción con lo otro. Un deporte popular como el fútbol es un reflejo de la sociedad con todos los problemas sociales. Pero demasiadas veces jugué contra personas absolutamente locas para pensar que el fútbol no tenga un problema con la agresividad. Unas veces yo mismo era árbitro. Por la misma razón de este juez de línea, me parece, porque un equipo de mi club no tenía un árbitro y la federación solamente apunta árbitros oficiales a los partidos de altos niveles. Entonces pasé unos de los momentos de más soledad de mi vida. Algunas personas cambian en seres irrazonables cuando se fatigan y alguien toma decisiones en contra sus intereses directos. Como árbitro te insultan, te amenazan y tienes que hacer mucha esfuerza para que no escale la violencia.

¿Y en España hay menos agresividad en el fútbol? La verdad es que no lo se. Los partidos entre Barcelona y Real Madrid pueden caldear los ánimos bastante. Por ejemplo, mi propio suegro está tan en contra de Real Madrid, que en comparación Mourinho parece ser un hombre muy razonable. Unas veces fui a ver un partido aquí en Ponferrada, también para ver si acaso habría un equipo de mi nivel. De esto nada. Parece que en España no se puede jugar mal al fútbol. Mientras jugar mal al fútbol puede ser tan agradable, si todos aceptamos que jugamos muy mal. Lo que me llamaba la atención es que el fútbol parecía bastante civilizado. Se aceptaba las decisiones de los árbitros. Desde luego Ponferrada es una ciudad pequeña en un ambiente muy rural. Quizás incomparable con Ámsterdam o cualquier otra ciudad en Holanda.

Esperamos que la muerte del juez de línea en Holanda cambie algo y que el fútbol otra vez puede ser lo que deba ser: todos a correr detrás de una pelota. Entonces, durante mis visitas a Holanda participaré con mucho gusto en los partidos de los veteranos de Taba.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ida y vuelta otra vez


Ayer tarde llegué al aeropuerto Schiphol. Estaba vestido de invierno. Un abrigo largo, una bufanda gorda. Pero los vestidos resultaban exagerados. En Ámsterdam no hacía más frío que en Ponferrada. Tal vez la temperatura era más alta, pero con más viento.
Un autobús me traía a la casa de mi bueno viejo tío Yaap. Un reencuentro agradable, aunque no hacía mucho que nos vimos. Tomamos una ginebra  y hablamos de los acontecimientos recientes. La familia. La economía en España y Holanda. Las elecciones en los EEUU. El nuevo gobierno de Holanda. En muchas cosas estuvimos de acuerdo, lo cual nos daba una buena sensación. Tomamos otra ginebra.
Hoy me desperté un poco confuso. ¿Dónde estaba? Ah, si, en Holanda. Por suerte todavía no tenía que trabajar. Un día para aclimatarse. Desayunar con  un bocadillo integral con melaza de manzana. Después un bizcocho rellenado con manjar. Quizás tenía razón una amiga holandesa que la última vez que nos vimos exclamó: ‘¡La verdad es que tu eres tan holandés!’ Para la comida compré unos arenques en la pescadería. El pescadero me reconoció. Es curioso. Que tanto el pescadero en Holanda como la pescadera en Ponferrada me saludan como un buen conocido.

No es que en El Bierzo echo mucho de menos la comida holandesa. Pues bien, algunos alimentos no se pueden obtener en Ponferrada: choucroute, col verde holandés, salchicha ahumada, arenque, anguila ahumada, melaza de manzana. Estas cosas como como un loco cuando estoy aquí. Lo que es mejor en Holanda es agua del grifo y leche. Pero la verdad es que la mayoría de los alimentos en El Bierzo son de una cualidad más alta que en Holanda. Y hay más variedad. Por ejemplo: la pescadería. En Ponferrada mi pescadera trabaja en el supermercado del barrio, pero ella tiene un surtido como en Holanda solamente se puede encontrar en tiendas muy especializadas o en el mercado internacional en la Calle de Albert Cuyp. Lo que parecía faltar en Ponferrada era anguila viva. Toda la anguila que había era ´tan muerta como una pierda, como solía decir mi madre cuando no quería comprar la anguila. Pero por casualidad descubrí este año en el mercado de abastos un puesto con anguila viva. La compré inmediatamente, pues anguila estofada es una de mis favoritas. La pescadera berciana claramente tenía menos experiencia en matar una anguila que el pescadero en Ámsterdam. El animal escapó de sus manos y se arrastraba con la cabeza erigida sobre los muertos pescados. Con mucha esfuerza la pescadera sabía coger el animal resbaladizo,  lo ponía sobre el tajo y cortaba con peligro de sus propias manos la cabeza. La sangre salpicó sobre su delantal. ‘¿Cuantas quieres?’ me preguntó. ‘Solamente tres,’ dije casi disculpándome. Después la escena se repitió dos veces más. Pues bien, la anguila en salsa verde no sabía nada menos por todo esto.

En el mismo mercado en Ponferrada se puede encontrar las casquerías con cosas que en Holanda no mucha gente comiera en su forma reconocible: cabezas, patas, tripas, lenguas, orejas, pulmones, cerebros, cojones, corazones, riñones, mollejas, en fin, todo lo que se puede imaginar. Allí compro el hígado de ternera o rabo de toro. También de vez en cuando mollejas, pero no demasiado porque, como decía la propietaria de la casquería misma, no son muy sanas. Allí una vez mi pareja (de hecho) compro una vez un sábado algo muy especial para mí. ‘¡Mira, una sorpresa!, dijo, mientras abrió el papel y mostró una cabeza de  un corderito cortado en dos mitades. Cerebro, ojos, orejas, lengüita; por suerte no había pelos. ‘¿Qué vas a hacer con esto?’ la pregunté con una mezcla de horror y curiosidad. ‘¡Tu vas a ver!’ respondió. Ponía las dos mitades de la cabeza en un adobo de aceite, ajo y perejil. Después de unas horas las ponía en el horno. ¡Muy rica!

De tanto escribir sobre comida me hace hambriento. Mira encima de mi laptop a mi tío Yaap y pregunto: ‘¿Yaap, ya pongo el col verde y las patatas al fuego?’ ‘Buen idea’, responde.



martes, 30 de octubre de 2012

Gangas


Un wok, un cascanueces, un pantalón de esquí, dos rollos de cinta adhesiva, una caja de velas, cordones. Estos son, creo, los artículos que compré en una tienda china desde que vivo en Ponferrada. Hay muchas de estas tiendas en España. En Ponferrada unas docenas. Venden de todo y muy barato. Y para decir la verdad, de baja cualidad. El cascanueces, por ejemplo, ya quebró cuando lo probé en una primera almendra. En el wok, al otro lado, todavía cocina de vez en cuando comidas con un toque asiático. El pantalón de esquí no he utilizado mucho, pero no me frenaba nada cuando bajé las pistas azules y rojas de la estación de esquí Leitariegos. La verdad es que pudiera haber comprado más ropa en las tiendas china si no fuera por mi fija consejera de vestuario que, como ella decía, tenía que protegerme contra mi mismo y me lo desaconsejó tanto comprar la ropa barata que parecía una prohibición.

En Holanda no conocemos el fenómeno de la tienda china barata. Cuando digo que voy al chino piensan que se trata de un restaurante chino. De estos hay un montón allí, muy baratos normalmente, aunque crece el número de los más lujos restaurantes chinos con la cocina auténtica. Las tiendas chinas en los barrios chinos de las grandes ciudades holandeses son incomparables con las tiendas en España. Venden porcelana china y palillos con dibujos bonitos. Allí los chinos mismos son los clientes principales. En las tiendas en España vienen sobre todo los españoles y algún guiri que buscan gangas. 

Como tantos bercianos muchas veces me había preguntado como era posible que las tiendas chinas tuvieran suficiente ganancias para poder comprar estos locales tan amplios en las calles de compras principales. Desde luego, los costos laborales deben ser bajos. Los dependientes parecen trabajar todo el día sin pausas. Se puede dudar si reciban el salario mínimo (que por cierto en España es solamente €641,40; la evidencia que un sueldo mínimo muy bajo no significa un mejor funcionamiento del mercado laboral). También las tiendas chinas saben utilizar el espacio muy eficientemente, aunque todo está puesto bastante caóticamente. No obstante, ¿de dónde vendrían las ganancias? Había rumores sobre blanquear dinero. Que no pagaban impuestos. Y desde luego que hacen caso omiso a las leyes laborales.

Al menos esto de blanquear dinero parece ser verdad. Hace poco había una redada en la empresa de hasta ahora respetado hombre de negocios Gao Ping, apodado El Emperador. La policía encontró cajas con billetes por valor de varios millones. Se revelaba que esta mafia forzaba con violencia a los propietarios de las tiendas chinas  pagar las deudas. Los artículos baratos eran importados clandestinamente. Un negocio sucio tras otro. También empresas españolas estaban implicadas. Si pagaban una comisión podían blanquear su dinero.

Quedan muchas preguntas. ¿Por qué la banda operaba en España y podía hacer sus negocios sucios por tanto tiempo? ¿Cómo afecta este caso a la imagen de los chinos en España?* ¿Qué pasará con las tiendas en Ponferrada? Y sobre todo con las personas trabajando en ellas. Pienso por ejemplo en la chica a quién pagué mis dos rollos de cinta adhesiva. Cuando volvió los 20 céntimos de vuelta le dije en mi mejor mandarín: ‘xie xie.’ Gracias. Su cara cansada se alumbró inmediatamente y me dijo algo en mandarín que, desde luego, no entendí. Respondí con las únicas otras palabras que me quedaban de un viaje a China de hace mucho: ‘Zai jian.’ Adiós. ‘¡Zai  jian!’ respondió entusiasmada y después: ‘¡Y muchas gracias!’. ¿Qué será de ella?

*La imagen de los chinos ya parece ser bastante baja. Véase por ejemplo este alucinante discurso de un catedrático de una universidad española: http://www.youtube.com/watch?v=zbbhNGNLDRg


sábado, 20 de octubre de 2012

Echar la culpa


Al principio de octubre volví al Bierzo. Los ánimos no se habían alegrado mucho. Cuando saludas a alguien en la calle con ‘¿Qué tal?’, casi nunca responden con: ‘¡Bien! ¿Y tú?’ Cada vez más las respuestas son palabras como: ‘Aquí estamos’ o ‘Vamos tirando.’ Después, la conversación inevitablemente desemboca en La Crisis. Es un tema que ya en los medios de comunicación reinaba gloriosamente, y que ahora también ha tomado posesión de las conversaciones en los bares y las calles. Una vez oía decir a un político cuando presentaba un grupo de música en una fiesta: ‘Los tiempos son duros, pero espero que la música de este grupo puede hacernos olvidar la crisis y sus consecuencias.’ Después de estas palabras pocas estimulantes el ambiente no se ponía muy festivo.

El pesimismo que aprieta al país también influye en el comportamiento de los consumidores. Si, también en el mío. Noto que quiero gastar menos. Nada de una semanita a las Canarias, aunque sería posible. Porque nunca se sabe, quizás todo terminará mal y necesitaremos el dinero en un futuro próximo. Y así piensan muchos. Se puede notar en la escena callejera. Cada vez más tiendas cierran. Las únicas que parecen florecer son las tiendas donde puedes vender algo. ‘Compro Oro’ se puede leer por todos lados. Hay docenas de estas tiendas en Ponferrada. Con las ventanas blindadas para que la gente pueda vender sus joyas anónimamente.

El efecto multiplicador, explico a menudo a mis estudiantes, hace que los recortes no sean muy eficaces para disminuir el déficit del Estado. Si no voy de vacaciones., la casa rural en Las Canarias tiene menos clientes y compra menos sábanas. La fábrica de sábanas tiene que despedir empleados. Así se recorta la economía misma. Si pones más dinero en el sistema, el efecto multiplicador tendrá un efecto positivo. ¡De vacaciones! La casa rural está completa. La fábrica de sábanas contrata más obreros.

¿Pero de dónde tiene que venir el dinero para estimular la economía? Pedir prestado a los alemanes, por ejemplo. Porque ellos mismos pueden obtener dinero barato. Pero los alemanes no tienen confianza. Angela Merkel cuida los impuestos alemanes. Hay gente en los países del sur de Europa que la dan la culpa de todos los problemas económicos a ella. Pero Merkel sabe que una gran parte de sus votantes culpan a los gobiernos de los países del sur. Y que el próximo año habrá elecciones en Alemania.  

Hay más sospechosos habituales para culpar. Los banqueros, por ejemplo. Estos daban de manera irresponsable créditos y aunque todo iba mal sabían enriquecerse muchísimo. Desde luego debían haber sido controlado mejor por los políticos. Entonces, son los políticos los que tienen la culpa. Pero también los políticos quieren echar la culpa a alguien. Los del PP a los del PSOE y vice versa. Los políticos catalanes dan la culpa a los políticos castellanos. Y el gobierno echa la culpa de la disminución de la confianza en España a los catalanes por su discurso sobre la independencia. Como tantas veces antes en la historia el nacionalismo florece abundantemente en esta crisis.

Esto echar la culpa a otros a veces me hace sentir inseguro. Quizás habrá un día en lo cual alguien en la calle me gritará: ‘¡Mira! ¡Un alemán! ¡Estos tienen la culpa de todo!’ (Por suerte no parezco a un banquero o político) ¿Qué tengo que decir? ¿Scheveningen? Es el nombre de una ciudad en Holanda que se utilizaba durante la ocupación de los nazis como contraseña porque era imposible de pronunciar por un alemán: Sjefeningen. Pero los españoles no lo saben. Y aunque lo supieran, ¿Cuál sería la diferencia? Esta vez Holanda está en el campo de Alemania. Tendré que decir: ‘Lo siento. Tampoco no entiendo nada. Soy un guiri inocente. No tengo la culpa.’ 



sábado, 29 de septiembre de 2012

ZARA MAN


Es un sábado en septiembre en Ámsterdam. Estoy poniendo mi ropa de fútbol en mi bolsa. Estoy en Holanda para trabajar, pero desde luego aprovecho la oportunidad para jugar un partido con mi viejo equipo. A ver. ¿Cómo era? Pantalón corto, camiseta, espinilleras, zapatos, calcetines, toalla y un slip fresco. Esto debe ser todo. Nada puede evitar un partido espléndido. El tiempo en todo caso es maravilloso. ¡Un momentito! ¡Esto no debo hacer! Con alivio saco el slip de la marca Zara de mi bolsa de deporte y pongo otro de una marca desconocida que una vez compré en el mercado de Ponferrada.

El slip no es mi único vestido de la cadena de Zara. Tengo por ejemplo un bonito jersey roso, un pantalón negro más o menos pijo para trabajar y una camiseta de rayos marón y blanco. Son vestidos bastante estilosos que compré por un precio más que razonable durante las rebajas en Ponferrada. La diferencia en precio entre las rebajas y los otros meses es tan considerable que sería un ladrón de mi propia cartera si comprara ropa afuera de los meses baratos. Y gracias a mi fija consejera de vestuario tengo hoy día un guardarropa lleno de prendas adecuadas para cualquiera ocasión. Por cierto, el slip de Zara hoy no voy a llevar.

No, no es que tengo miedo de críticos sociales de mis camaradas del fútbol. Quizás ni siquiera conozcan a Zara. En España siempre hay mucha crítica desde el lado izquierdo a la compañía gallega. Parcialmente es la envidia que gente con éxito o dinero siempre provoca. Hasta chicos laborosos como Messi y Cristiano Ronaldo no saben escapar de estas críticas. Yo mismo no pertenezco a los que piensan que sea ridícula que alguien gane mucho dinero. Si, por ejemplo, me ofrecieran mucho dinero para poder publicar mi blog, vale, no creo que tendría mucha duda en aceptar la oferta. Porque no molesta a nadie. Al contrario, por vía de impuestos contribuiría a educación para todos y mejoramiento de la infraestructura. Estaría bien, ¿verdad?

Pero también hay una crítica más fundamental sobre Zara. La producción lo hacen por gran parte en países dónde los derechos laborales casi no existen. La compañía está acusada de utilizar trabajo de niños. Una vez he buscado en la página web de Zara para ver lo que dicen ellos mismos de este asunto. No obreros de menos de 16 años, es lo que mantienen. ¿Pero eso es verdad? ¿Y que tal las otras marcas? ¿Son mejores? ¿Estos slips del mercado tan baratos, por ejemplo? Tener ideales y respectarlos a veces sale caro.

Que no quiero llevar hoy mi slip no tiene que ver con las circunstancias laborales. Se trata de las letras que están escrito bastante grande en el cinturón del slip: ZARA MAN. Mi viejo equipo ya juega en la competición de los veteranos, pero esto no significa que han perdido un sentido de humor que es casi infantil. Si vieran el texto estoy seguro que gritarían en coro: ‘Is it a bird? Is it a plane? No, it is ZARA MAN!’ (¿Es un ave? ¿Es un avión? ¡No, es ZARA MAN!). Yo lo haría en todo caso. Pero esto no significa que quiero ser la víctima de este tipo de humor.

Es lunes. Con las piernas todavía tiesas por el partido de sábado que desde luego perdimos estoy explicando a una clase de estudiantes el funcionamiento del mecanismo de oferta y demanda. En la pausa unas chicas chinas vienen a mí. Quieren saber si es verdad que vivo en España. Que si. ¿Y el tiempo allí es tanto mejor que en Holanda? Desde luego. ¿Sería fácil encontrar trabajo en España una vez que terminaban sus estudios? Que no, no sería fácil. Una chica sabe una empresa por la cual le gustaría trabajar. Zara. Les cuento que yo también compro mucha ropa de esta compañía. Dudo un momento antes de dejar caer mi pantalón justamente suficiente para mostrar el texto. El resultado es unas risitas. Pero a ninguna de ellas ocurre decir: ‘Is it a bird? Is it a plane? No, it is ZARA MAN.’ 


miércoles, 12 de septiembre de 2012

El viaje


En el coche
Es sábado el 1 de septiembre. Nos levantamos pronto. Tuve una noche intranquila. Todavía viajar me hace nervioso. Aunque he hecho este viaje tantas veces. Pongo mi equipaje en el maletero y me siento en la silla del copiloto. Salimos el garaje. Va a ser otro día maravilloso. Quizás septiembre es el mes más bonito en El Bierzo. Lo voy a echar de menos: las viñas en los primeros colores del otoño; la luz oblicua del sol otoñal sobre los picos de la montaña; los días calientes con las noches frías. Acercamos la estación de los autobuses sin hablar mucho. Todavía despedirnos es difícil. Aunque es solamente para unas semanas. Salgo del coche y cojo mi maleta. Quizás esto era el último viaje con coche de este mes.

En el autobús
Este país es vacío. Los campos vacíos. Las autovías vacías. Será un cambio grande. Este mes voy a viajar entre Ámsterdam y Rotterdam. Quizás la región más poblada del mundo. Con una velocidad constante el autobús cruza la meseta en la dirección de Madrid. Intento leer El País. Otro artículo sobre la crisis. Mis párpados pesan más y más.

En el metro
En Estación Sur noto que mi abono de viajes no más funciona. En una máquina compro un billete sencillo a Barajas. Bajo las escaleras al andén. También este parte del viaje puedo soñar. El Circular hasta Estación Nuevos Ministerios. Allí cambiar a línea 8. A medida que el metro acerca el aeropuerto el número de viajeros con maletas y mochilas crece. Bajo en T4. Para salir de la estación del metro pongo mi billete en la ranura al lado de las puertitas correderas. La maquina hace un sonido chillado. Las puertitas no se abren. Otra vez. Nada. Asombrado miro alrededor. Por todos lados hay máquinas para comprar un suplemento. No hay otra solución. ¡Tres euros! Pero ahora las puertitas se abren. Ando al servicio de información del metro para explicar la situación. Que ya había comprado un billete de dos euros y que por error tenía que comprar otro para poder salir de la estación. La mujer mueve la cabeza afirmativamente. Es correcto. Un suplemento para el aeropuerto. Le respondo: ‘Eso es un atraco.’ Son las palabras que había oído utilizar mi suegro cuando comimos en restaurante caro. La mujer responde pacientemente: ‘Es una decisión de Madrid.’

En el avión
No me gusta volar. Por suerte puedo escribir un poco. Y también preparar las clases de economía que voy a dar este mes. Por la ventana veo que estamos acercando al destino. Esto debe ser Amberes. Mira: los diques de la delta al sur de Rotterdam. Una vista impresionante. El aterrizaje es suave. Después sigue el largo camino del avión sobre el suelo hacia la esclusa. Ahora estoy de veras cansado del viaje. No falta mucho.

En el autobús
¡Es el colmo! Mi abono de transporte público se había caducado. Ahora tenía que comprar una nueva tarjeta chip para el transporte público. Otra vez € 7,50. Y esto todavía sin saldo. ¡Los turistas son la vaca lechera de esta crisis! Es lo que dije al hombre en el estanco del Renfe holandés. ‘A extranjeros siempre aconsejo comprar billetes sueltos,’ respondió. ‘¡Pero son muy caros!’ La misma reacción paciente como in Madrid. ‘La decisión viene de arriba.’ Por suerte estoy ahora en el autobús en dirección de Ámsterdam.

Sobre la bicicleta
Es domingo el 2 de septiembre. El sol brilla. Voy con bici por el Vondelpark. Por todos lados veo gente alegre. Qué diferencia con el malhumor y pesimismo que la crisis parece generar en España. Lo sé. La alegría viene del buen tiempo. Todo el verano había lluvia. Un día hermoso pinta Holanda en colores alegres. Seguramente también hay muchas personas descontentas. Tenemos partidos políticos especiales para ellas. En toda la ciudad se puede leer los eslóganes en los posters para las elecciones. Un poster tiene como texto: ‘Onbeperkt alles!’ ¡Todo, sin límites! Cuando miro mejor veo que no se trata de un eslogan político sino de un anuncio para internet. Sin no, un partido con un eslogan como este tendría una posibilidad de atraer a los votantes decepcionados en otros partidos. Tomo una foto con mi móvil y continuo con mi ruta. ¿Por dónde iré ahora?


martes, 28 de agosto de 2012

Deportes


Con movimientos angulosos las chicas españolas andan al borde de la piscina, donde en una pose conjunta dibujan dos peces. La música empieza. Saltan en el agua donde continúan con su rutina. Es increíble como hacen todo sincronizadas. Y todo el tiempo están sonriendo. En los primeros planos se puede ver que las sonrisas son crispadas. Desde luego. Esto es un deporte muy duro. A pesar de eso, es extraño que lo esté viendo.  Un deporte que está decido por jurado. Nunca lo hubiera hecho en Holanda.

Son las cuatro de la tarde. Es la hora a la que solemos digerir la comida en el sofá mientras vemos nuestra serie favorita Amar en Tiempos Revueltos. Con estos actores estupendos. Por mala suerte han parado la novela durante los meses de verano. No creo que el gobierno del PP paró esta novela de signo claramente de izquierdas y progresista. En España la televisión pública está completamente en manos del partido que gobierne. Nuevos presentadores son elegidos al dedo. También los programas mismos van a cambiar. Por ejemplo, volverán los toros, cómo símbolo del estado central. Pero un programa tan popular como La Novela el gobierno no se atrevería a tocar. Solamente durante estos meses. Porque hay algo todavía más popular. Deportes.

Todo empezó con la copa de Europa de fútbol. Que La Novela desapareció por eso temporalmente de la pantalla, vale, ningún problema para mí. Era muy agradable digerir la comida mientras en la televisión podía ver que el fútbol en Holanda se había deteriorado bastante desde que salí del país. Otra vez, España jugaba maravillosamente, sobre todo durante el final. Pero después venía el torneo de Wimbledon y la Vuelta de Francia. ¿Todavía hay gente que mira todo esto? Por cierto, aquí en España la popularidad de estos eventos disminuyó considerablemente por la herida de Nadal y la descalificación de Contador. Porque la verdad es que ver deportes es sobre todo interesante cuando se puede identificar con un los favoritos.

Eso se puede ver reflejado en los imágenes de los Juegos Olímpicos en la televisión. Cada país tiene sus propios Juegos. Aquí en España vemos natación sincronizada, taekwondo, baloncesto, balonmano, judo y deportes de agua. En Holanda piensan que todo el mundo sabe quienes son Ranomi Kromowidjojo (oro 100 metros natación mujeres) y Epke Zonderland  (oro en gimnasia). Recuerdo que en un año antes de la hegemonía de internet estaba en Madrid durante los Juegos Olímpicos de invierno y quería saber si Holanda había ganado otra vez una medalla en el patinaje de pista. Imposible saberlo. Ningún periódico o programa de la televisión mencionó ni siquiera la existencia de este deporte, que en efecto debe ser uno de los deportes más aburridos para ver en el mundo. Se mira un reloj y dos personas patinando todo el tiempo la misma ronda. Pero cuando era niño, estaba en frente de la televisión con un papel para notar los intervalos del tiempo. ‘¡Una ronda de 37 secundas; es increíble!,’ me pudieron oír gritar los vecinos. El éxito casi seguro de Holanda no frenaba mi entusiasmo. De vez en cuando había algunos americanos que practicaban patinaje de línea a quienes también le parecía divertido ganar unas medallas en patinaje de hielo, lo que generaba que se animase la competición. En estos años hasta miraba el patinaje artístico porque una holandesa, Sjoukje Dijkstra, ganó medallas. Hasta ahora sé, por ejemplo, lo que es un doble Axel.

Desde el sofa vemos como las chicas españolas han acabado su rutina de natación sincronizada. Ahora vienen los resultados del jurado. Como esperado mucho mejor que las chicas egipcias que nadaban antes de ellas. Y no tengo ningún idea porque.

martes, 14 de agosto de 2012

Mutriku


Este camping es ideal. Vistas al mar. El golfo de Vizcaya. A la izquierda abajo justamente se puede ver las últimas casas del puerto de Mutriku. Lo demás del pueblo está escondido en la verde bahía. Lentamente muere la tarde. Tomamos un último vasito de txakoli. Vino joven de aquí. Un jersey es necesario. Las noches vascas son más fresquitas que las del Bierzo. Estas son vacaciones como deben ser. Pues, bien, casi. Alrededor de mí estoy escuchando holandés.

Y pensé que lo había superado. Esta compulsión de evitar tanto como posible compatriotas durante un viaje. Recuerdo como la última vez que estaba en El Parque de Ordesa el placer de la caminata al lado de un arroyo corriente con muchas cascadas espectaculares era completamente destrozado porque tantas personas que iban en la dirección contraria me saludaban con: ‘Goedemiddag. Mooi hé’ (Buenas tardes. ¿Qué bonito, ¿no?) ¿Por eso había viajado más que 1500 kilómetros? Desde entonces borré El Parque de Ordesa de mi lista de destinos de viaje y lo sustituí por montañas más remotas. Pero holandeses están por todos lados.

Creo que muchos holandeses aquí en el camping comparten mi aversión contra encontrar compatriotas. Hace un rato, cuando estuve fregando los platos, se ponía a mi lado una mujer holandesa. De una manera los holandeses siempre nos reconocemos. A pesar de eso decimos, sea un poco dudosamente: ‘Hola’. Después fregamos silenciosos nuestros platos, ella con su cepillo holandés y yo con mi esponja. Cuando salí, dije ‘tot ziens’ (adiós), con lo cual quebré un código no escrito. Al volver con mis platos de plástico a la tienda, Ana me preguntó: ‘¿Hablaste un poco holandés?’ Ella sabe como lo echo de menos de vez en cuando. ‘No me gusta encontrarlos en vacaciones,’ respondí ceñudo. ‘Pues, la verdad es que el camping es muy tranquilo con todos estos holandeses,’ dijo. Era verdad. Ya eran las once de la noche, pero no se oía a nadie. La gente ya se acostaba.

Y ahora, mientras estamos disfrutando nuestro txakoli, hablamos sobre las diferencias en los caracteres de los pueblos. En mi opinión no hay tantas diferencias. Esta costa verde con lluvias atrae a un tipo de turista que es un poco más aventurero. Quieren descubrir la cultura y la naturaleza. Si vas a las playas con sol y discos vas a ver otro tipo de turismo. ¿Pero sabrán tus turistas tan aventureros que estén en el País Vasco?, pregunta Ana. Casi imposible no saberlo. En las calles de Mutriku hay por todos lados pancartas que llaman al traslado de los prisioneros del ETA al país vasco o que llaman a una amnistía total.

He aprendido que eslóganes en los muros no siempre representan lo que piensa la mayoría de la gente. En Ponferrada hay por todos lados eslóganes que dicen que El Bierzo debería ser gallego o que se debería hablar llionés. Pero la verdad es que nunca he encontrado a nadie en El Bierzo que de veras piensa que ser o hablar gallego o lionés es de verdad tan importante. Tengo la impresión que se trata de muy pocas personas, quizás solamente dos, que andan por las calles nocturnas de Ponferrada para rayar o borrar con typp-ex los eslóganes del otro y sustituirlos por los de su nación preferida. Hasta puede ser que se trata de una persona sola. Alguien con la personalidad desdoblada. ‘Humor holandés’ es la reacción de Ana a mi perorata. Siempre dudo si esto es una cualificación positiva o negativa.

En el país vasco las cosas parecen ser diferente. Los carteles están colgados en ventanas de casas privadas. También en celebraciones oficiales se ve carteles sobre el regreso de los prisioneros del ETA al país vasco. Para un guiri esto muestro de solidaridad con un movimiento violento y ultranacionalista es incomprensible. A veces provoca sentimientos incómodos. Ayer estuvimos en el pueblo de Orio para ver la regata de las traineras. El equipo de Orio ganó y esto se celebró en la plaza central. Daban a toda la gente un papelito con un texto en vasco para cantar. Probamos entender el texto, pero era imposible. Entonces, no cantábamos. Porque nunca se sabe de que se trate.

De pronto suena: ‘¡schchss!’ ¿Holandeses? ¿O los españoles de la tienda a la izquierda? En todo caso, el mensaje es claro. ¡Silencio! Stilte! Estamos hablando con voces demasiadas altas. Callados cogemos nuestros neceseres y andamos en la dirección del edificio de los baños.